El artista de hoy en día.

Quizás debería hacer una entrada de comienzo de año más espectacular y con pompa, pero lo cierto es que me apetecía escribir algo más de opinión y reflexión personal. Quería hablar de cómo los artistas (dibujantes, escritores, fotógrafos,… ) de hoy en día viven o malviven en el panorama actual.

Hace poco se viralizó una noticia en la que se contaba cómo muchos actores malvivían o realizaban profesiones muy diferentes al mundo de la actuación. La precariedad se reflejaba de manera palpable. Podéis leer el artículo aquí.

Lo cierto es que esta situación de precariedad se puede extender a otras profesiones del mundo de la cultura.

Muchas veces se ha acusado a la piratería de acabar con el valor de la cultura. Se da la paradoja de que en un mundo donde todo está comercializado no se aporta valor al proceso cultural y los beneficios de los autores se pierden en una larga cadena de producción. Si nos centramos en los libros, hay un grueso engranaje de editores, correctores, maquetadores, imprentas y transportistas,… ¿Acaso no es eso un valor económico? Parece que se ha olvidado el valor de la cultura por producciones populares, por el todo gratis y cuando se ofrece algo producido con cariño para el público general, se minusvalora. Tal vez la piratería solo refleja una parte del desprecio al valor económico (entre otros) de las producciones artísticas.

Se suele decir en las redes: si tienes un amigo que hace música, ve a sus conciertos, si alguien escribe, léelo,… Y es cierto. La mejor forma de apoyar a los creadores es así de fácil. Quizás compartir una publicación en una red social o por mensajería es suficiente. No tiene por qué ser más complicado. Aunque si puede haber soporte económico, estoy segura de que lo agradecerán. Más allá de comprar una entrada o un libro, hay otros mecanismos. Como Ko-Fi o Pantreon que permite hacer microdonaciones y recibir mini recompensas exclusivas por ello.

Como me parece importante revalorizar el trabajo artístico, os voy a proponer una serie de iniciativas.

Estos son solo unos ejemplos de artistas que comparten su tiempo y pasión, para que podáis disfrutar de sus trabajos y apoyarlos.

  • Un blog: Calabazas en la Lluvia. Cuando acabé pasando por este blog por casualidad, me llevé una grata sorpresa. Lluvia combina la pasión por el trío fantástico con una dulzura cándida. ¿Cómo apoyarlo? Calabazas en la Lluvia tiene un Ko-Fi (donaciones puntuales o periódicas).
  • Publicaciones colectivas para disfrutar asiduamente: Fast Fiction Penny. Si te apetece leer un montón de relatos, este es tu blog. De diversa autoría, pero todos breves y emocionantes. El equipo tiene un Pantreon para apoyar su escritura.
  • Un poco de fotografía: Dara Scully. Me fascina el mundo inquietante y dulce a la par de esta fotógrafa. Podéis ver su instagram aquí (que siempre es una red muy visual). Dara realiza reproducciones de sus fotografías que firma y envía, podéis preguntarselo a ella.
  • Un ejemplo de pasión por la escritura: Alicia Pérez Gil. Acabé leyendo un relato suyo por hazares del destino, una cosa lleva a la otra y… Es famosa por dar consejos para escritoras, pero también tiene un Pantreon con unas recompensas muy trabajadas. Para saber más: web.

Quizás en este post me he dejado llevar más por el lado fantástico, pero seguro que hay más iniciativas para todos los gustos. Estaré encantada de escucharos y leer vuestros comentarios y sugerencias.

Quiero dejar claro que esto no es una protesta si no un llamamiento a la revalorización de la oferta cultural. Los creadores amamos lo que hacemos y seguiremos haciéndolo, por muy difícil que sea.

Gracias por leerme. Buenas tintas.

Libros leídos y libros deseados: resumen a fin de año.

Ahora que se acaba el 2019, toca hacer recuento de todos los libros leídos y los que me hubiera gustado leer.

Y sí, lo comparto con vosotras personitas porque me apetece y porque es bueno hacer balance en estas fechas. Sobra decir que es mi humilde opinión y que solo lo comparto como comparto el placer de la lectura.

Comenzaré destacando alguno de los que he leído que me gustaría compartir. No son muchos, pero he estado a mil cosas ordenando mi cabeza y no soy ninguna booktouber de más de 100 libros al año. Además, he dedicado también tiempo a reencontrarme con la vieja lista de pendientes.

  • “El cuento de la criada” de Margaret Antwood. El año que salió la segunda parte, “Los Testamentos”, yo me aventuré con el primero. Creo que poco puedo aportar al respecto, pero sí hablaros de mi reseña particular.
  • “99 huesos para 77 brujas” de Andrea Prieto Pérez. Llevaba tiempo oyendo como la fantasía y el folclore se habían mezclado en los últimos tiempos. Me parece precioso el mundo que crea, en una fantasía distópica de su Galicia natal. Si bien la historia no tiene todo el tirón que la fantasía. Espero hacer una reseña en cuanto pueda de este libro. Sí, también en esta línea de fantasía y floclore llegó a mis manos “En mundo encantado en Castilla y León” y oye, una joya.
  • “Galveaias “ de Peixoto era un pendiente que encaja de manera perfecta en la categoría de fantasía suave, insólita, apta para realistas.
  • Tuve el honor de leer “Ayúdame a Salir” de Laura Mars, en primicia (fuí lectora beta). El realismo y la ciencia ficción se mezclan en esta historia que te engancha. Espero que salga adelante su proyecto pronto.
  • Descubrí la revista Tantrum, que lamentablemente para las máquinas, ojalá sea sola una pausa. Es muy triste que los proyectos a veces no puedan salir adelante porque simplemente los motores no dan para más.

¿Qué libros me he quedado con muchas ganas de leer?

  • “Un dios de paredes hambrientas” de Garrett Cook, porque me parece tan brutal como diferente a lo que he leído.
  • “Lectura fácil” de Cristina Morales, antes de ser premio, me olía que ese libro traía tela y tenía madera. Espero que las expectativas no sean demasiado altas.
  • “El arcano y el jilguero” de Ferrán Valera, porque creo que me gustarán el tipo de personajes que se plantean.
  • “Voz” de Cristina Dalcher. Y sí, culpo a las chicas de La Nave Invisible. Una distopía que parece revolver: ¿y si las mujeres solo tuviesen permitido hablar con 100 palabras al día (y si no descarga eléctrica al canto)?
  • “Los feladores” de Paul Delvaux, porque no conocía la faceta de escritor de este misterioso artista.
  • Cualquiera de Mariana Enríquez que, ejem, ahora parece haberse revalorizado.
  • Etc. es el mejor resumen (como buen drama lector): “Siete miedos”, “El abecedario de la pólvora”, “El ala izquierda: cegador”,…

¿Vosotras personitas, se os han quedado muchos pendientes? ¿Habéis leído alguno de estos libros?

Buenas tintas y buenas lecturas.

La muerte en la literatura

Noviembre es el día de los muertos. Pasada la resaca del Día de todos los santos y Halloween, podemos hablar de la muerte. Por que es un elemento tan inherente a la vida como lo es la vida en sí. Una vez escuché al poeta Antonio Gamoneda decir: “La vida tiene sentido porque existe la muerte”. Y es verdad que hablamos de un ciclo de comienzo y final. No os voy a engañar, siento una afición por lo romántico (del Romanticismo, no de los corazones).

Al grano, ¿cómo aborda la literatura la muerte?

Creo que deberíamos comenzar diciendo más bien cómo abordan las personas la muerte. Desde el comienzo de los andares humanos, ha sido un acontecimiento inevitable y tratado de diferentes maneras.

La literatura ha recogido esa visión de la muerte derivada del devenir histórico de la humanidad y las culturas. Por lo que, lo que vamos a hablar es sobre una teorización de la muerte como ente propio en las novelas y otras obras literarias a lo largo del tiempo.

Estos artículos los he recogido como esclarecedores o interesantes a la hora de abordar la muerte en la literatura.

Espero que disfrutéis de la selección:

  • Las diferentes aproximaciones de Mètode. He de confesar que este artículo es uno de los que mas me ha gustado. Porque va más allá tiene un abordaje poético. Va más alla de los conceptos llanos y mundanos para elevarlo a lo trascendente (o bueno, así lo hicieron los escritores).
  • Hablemos de los siglos XIX y XX: Este artículo de Anabel Sáiz Ripoll aborda este periodo específico. Como bien destaca, cuando se habla de muerte inevitablemente van ligados indisolublemente otros conceptos o subtemas.
  • Centrémonos en obras concretas. Alberto Granados utiliza para su artículo referencias a obras concretas. A parte de hablar de la inevitabilidad, de la lucha, ausencia, amor, heorismo,… y otros conceptos asociados a la muerte de manera recurrente.
  • La muerte como binomio opuesto a la vida: En el artículo de Letra Libres, Carlos Chimal prefiere hacer uso de este antagonismo para abordar el tema. Y es que como bien dice él, son dos actos extremos.
  • Mezclemos Romanticismo, literatura inglesa y latinoamericana: Así lo cuenta el artículo de Morayma Hernández Colina que podéis encontrar aquí.

No soy experta en el tema, pero como lectora me he puesto a reflexionar sobre el tema. Creo que si hablara de la muerte en los libros y analizara la literatura leída, hablaría de la muerte en relación con el amor, la madurez y el misterio. En relación al amor porque es uno de los sentimientos más fuertes que tenemos. Si nos adentramos en lo erótico, sigue el concepto de pequeña muerte. El eros y el tánatos siempre han estado muy ligados en la literatura. Respecto a la madurez, porque en muchos casos desencadena una diferente visión de los personajes, directa o indirectamente. En “El camino” de Miguel Delibes o en el archifamoso “Harry Potter”. Y con el misterio porque al fin y al cabo es uno de los grandes misterios de la vida y por tanto de la literatura. Se deja de saber, se deja de conocer y además hay multitud de mitos y leyendas, religiosos o no, sobre la muerte. Ante tanta variedad de opiniones, ¿qué sabemos realmente? El tema es tan complejo que me resulta difícil sintetizarlo de una manera mejor.

¿Qué escritor o libro ha tratado para vosotras (personitas humanas) mejor el tema de la muerte?

Nos leemos. Buenas tintas.

Tiempo para leer y disfrutar.

Leer, escuchar música, y otras actividades para disfrutar del arte en general. ¿Por qué le deberíamos dedicar tiempo?

Siento que me ponga tan filosófica hoy. Pero creo que era necesario o quizá esté delirando con esto de escribir tanto en noviembre. Supongo que porque todo el mundo quiere compartir su pasión y todo artista quiere compartir su mundo, sus pequeñas creaciones como parte suya intrínseca.

Creo que gran parte del pensamiento que he adquirido como mío viene tras una reflexión leyendo a Primo Levi. Levi fue un escritor y químico italiano de familia judía. Pasó por el campo de concentración de Auschwicht y sobrevivió, en cuerpo y mente. Quizá solo su biografía ya es una lectura para reflexionar profundamente. Podéis leer más detalladamente sobre su vida en cualquiera de la multitud de artículos de la web, que narrarán su historia mucho mejor que yo.

Hablemos de su libro “Si esto es un hombre” (1947). Aquí la clave. No diremos que la lectura es fácil porque no, es una realidad dura en cuanto sabemos que hay poca ficción de por medio. En una escena, dos reclusos habitualmente tratados como animales dan por casualidad en algo en común. Ahí es cuando vienen las referencias a la Divina Comedia de Dante. La referencia es de por sí cuanto menos curiosa y sin duda simbólica. En una conversación destinada a ser árida y penosa, sale por casualidad el tema. Y aparece el recital de Dante que los embauca y los entusiasma.

Los dos personajes están más abajo de la miseria, están rendidos. Pero hablar de Dante y su libro los salva un día más. Un día más que recuerda que son personas.

¿Qué debemos leer de esta experiencia narrada? Me da igual que sea realmente cierta o no. El hecho es que dos humanos que habían olvidado que lo eran recuperar precisamente su humanidad gracias al arte. Porque, si no importa lo demás, ¿qué nos queda? El amor hacia las personas y hacia lo que queremos.

Lo que quiero decir con esto es que no debemos subestimar nuestro tiempo libre dedicado al arte. No es un pasatiempo sin más. Una buena lectura te llevará a abrir nuevas puertas y ventanas, a que tu mente haga ¡bop! conexión descubierta y a que te recuerde que eres persona, y eso importa mucho.

Leer o cualquier otra actividad artística te hará libre y humano.

Nos leemos.

Dónde leer en Instagram: cuentas de microficción a las que seguir.

Si quieres leer microcuentos en Instagram y conocer nuevos autores, sigue leyendo.

Las redes sociales tienen lo bueno de que han expandido conocimiento y mierda a partes iguales. Pero a veces, la mierda es muy buena. Son el escaparate de muchos creadores que esperan que te tomes un minuto para ver su contenido.

Los escritores ofrecen microcuentos y micropoesías para compartir su arte de una manera breve, así de flechazo. Te enseñan su porción de la tarta para que te deleites. A veces hay una tarta entera, a veces no. Pero si eres de los que te gusta leer contenido interesante y/o útil agradecerás que te lancen esta flor virtual que son sus creaciones.

Estas son las 8 cuentas que no puedes perderte para leer en Instagram:

  • Historias de Mago (@historiasmago): En blanco y negro, con imágenes claras y sencillas, no te distrae de la lectura y a la vez es muy atractivo. Un buen ejemplo de resumir una historia en a penas una frase donde hasta el título cuenta (y narra).
  • 365 microcuentos (@365microcuentos): Un cuadrado, nuevamente el plano del blanco y el negro e invitaciones sencillas a leer más en su web. La verdad es que es una invitación mucho más jugosa que el último meme estúpido (al menos en términos de utilidad literaria). Además, si te pones ahora con ello tienes para muchos momentos de lectura, porque van acumulados más de 1300 microcuentos.
  • David Generoso (@davidgenerosoescritor): Este autor es conocido por su escritura dedicada a lo breve y sus antologías de relatos. La verdad es que queda nada mal pasarse por la cuenta de un escritor con trayectoria en lo corto. La estética cambia ligeramente, pero la máquina de escribir y los colores suaves no defraudan la lectura.
  • K.Wolfman (@kenjiwolfman): O como irrumpir en las redes sociales sociales con total entusiasmo. El enfoque es mucho más de fantasía y acogiendo a su novela neófita. Pero lo cierto es que ese ritmo, esas luces y esos colores de sus textos son la mar de energizante.
  • Microcuenta (@microcuenta): La escritora Henar de Andrés (combo, pásate también por @henardeandrés) nos llena el espacio con microcuentos y lecturas. Eso es productividad. Diseños sencillos, que no sosos, para leer (que es a lo que hemos venido).
  • Miss Iracunda (@missiracunda): Con esta cuenta no solo vas a leer microcuentos, precedidos de esa mona cenefa con forma de calavera (punto a favor, por supuesto). También hace recomendaciones y reseñas de libros. Por lo que es un amor a la lectura elevado al cuadrado. Dulce e inquietante, no puedo resistirme.
  • Sergio Álvarez (@sergycaricato): Si te gusta el terror esta es tu cuenta. Anotación, se define como terror psicológico. Hermosas e inquietantes fotografías, cada una subtitulada por un pequeño relato. Y las fotografías son tan bellas y macabras que no puedes evitar que te de el morbo de leer lo que viene después. Aunque te arrepientas.
  • Microcuentos en el tejado (@microcuentoseneltejado): La verdad es que la estética es pulcra, con colores cuidados y fundidos en buenas palabras. Lo peor, cae en la poesía (aunque no fácil) de Instagram.
  • En 99 palabras (@en99palabras): Miguel Ángel Molina solía hacer un proyecto interesante combinando imágenes y textos, microcuentos en 99 palabras. Su cuenta se ha diversificado, todos crecemos como escritor, pero merece la pena buscarlo y leerlo.

Si te gustan sus publicaciones, regálales un coranzocito (el de Instagram, claro, sin complejos de villana de Blancanieves). Es un agradecimiento por el contenido gratis que ofrecen para ti. Es un pedacito de lectura que te llena los ratos muertos y los hace bien vívidos.

¿Quién dijo que Instagram no servía para leer microcuentos? Y micropoesía, prosa,…

¿Tenéis más recomendaciones? ¡Nos leemos!

“Automatonofobia”: parte II

La sala principal era mucho peor. Olor a madera. Tronos, vasijas, lanzas. Otros objetos que no tenía ni idea de para qué servían, pero que podía imaginar otros mil usos. Máscaras, muchas máscaras, que representaban rostros de todo menos humanos. Rojo y ámbar decorándolo todo. Maniquíes portando esas máscaras y otros atuendos. Telas de colores geométricos, muchos colores, rellenando cada milímetro de la tela. ¿He dicho ya máscaras? ¿Por qué usaban esos maniquíes?

-Ven, este trono es una joya. Tienes que verlo.

A estas alturas de la exposición tenía la respiración agitada, el vello erizado y los cinco sentidos alerta. Los cinco. Sin embargo, no sabía decir qué pasaba, cuál era la causa de tanta inquietud.

Te seguí intentando sonreír con naturalidad.

-Aquí estoy.

-El trono lo tallan, naturalmente, a mano y solo los mejores artesanos pueden alcanzar este honor. El caso es que este trono en particular…

Palabras.

Pum. Un vuelco al corazón. Saltó la reproducción automática de un vídeo explicativo. ¿Explicativo de qué? Danzas, costumbres, ceremonias religiosas, uf, cualquier cosa. Ya no lo recuerdo. En mi cabeza hacía un buen rato que ya estaban reproduciéndose unas cuantas canciones tradicionales africanas, de esas que hacen que todo el mundo se vuelva loco a bailar, o no. O lo que creía como tal.

-¿Te has fijado en este detalle?

¿Cómo podía estar todo tan oscuro? ¿Dónde quedaba la ilustración del conocimiento? La música del vídeo se juntaba con la de mi cabeza. Empezaba a notar una quemazón en la sien con tanto alboroto.

Pum. Un vuelco al corazón.

Juro que se había movido.

Juro que se había movido. El maniquí de la pared izquierda. Con la máscara grotesca, la lanza y esa especie de red. ¿Eso era una red de caza o qué coño era? Juro que ese maniquí negro, plano, asexuado se había movido. Un irracional ataque de racionalidad me dijo con voz tranquilizadora: todo está en tu cabeza, así que cierra los ojos, respira y sigue adelante. Cerré los ojos. Manual de autoayuda activado.

Poco me quedaba del resto de los sentidos. Sentí como una mano fría y de plástico me agarraba la muñeca. Mano fría y de plástico, justo como la de un maniquí. Abrí los ojos de súbito. El corazón casi se me para de golpe. No podía ver su rostro, tras esa grotesca máscara africana de a saberse qué tribu, pero sí ver cómo la otra mano me saludaba. Me estaba saludando. Macabro. Me zafé horrorizado. Hiperventilando. Los oídos se me embotaron y la visión se me empezó a emborronar.

-¿Me estás escuchando?

-Sí, claro… -a penas había musitado esas palabras.

Ella no se había inmutado. ¿Cómo diablos no podía haberse inmutado? Parpadeé. El maniquí parecía que nunca se había movido ni un solo milímetro. ¡Un milímetro es muy poco! Ella parecía no darse cuenta de nada. ¡No era posible! Avancé cual autómata, siguiéndola, fingiendo prestar atención. Era demasiado evidente como todos y cada uno de los rostros escondidos tras las máscaras murmuraban y se movían con agilidad. No podía sentir otra cosa que la angustia ante esos seres. Esos dichosos maniquíes. Solo eso, angustia y sensación de peligro. Algo no iba bien, la cosa evidente. Olor a madera.

Olor a madera.

-Oye, ¿te encuentras bien?

Quise contestar pero fui incapaz. No podía decir nada. Absolutamente nada. Ni mi nombre al más puro estilo castellano. Ella bufó y dio un par de pasos más hacia una fotografía muy descriptiva. O así debía de ser. En otro momento me hubiera preocupado de mantener las formas pero fui incapaz, irremediablemente e hiriendo mucho mi orgullo. Mirando la fotografía, ¿qué clase de fotografía era esa, sonreían o atacaban, esas personas retratadas?, ella no veía nada. Sentido de la vista, perdido. O yo qué se cuál. Ella no veía nada. No vio nada. Nada.

Pum. Vuelco al corazón.

Las máscaras africanas comenzaron a agitarse y marchar a un ritmo de tambores… tambores que efectivamente sonaban desde la esquina sin que nadie los tocara. ¿Cómo no había reparado que había un montón de tambores en esa esquina? Sus rostros grotescos, velados, danzaban y se movían. Hacia mí. Esas putas máscaras de dimensiones desproporcionadas. Hacia mí. Malditas máscaras. Unos pasos más.

Estaba paralizado. Olor a madera, frío, oscuridad, sabor a polvo y una visión espantosa. ¿Seguía respirando? Música de tambores. Hacia mí. El ritmo se aceleraba. Hacia mí. Hacia mí. Hacia mí. ¡HACIA MÍ! En un suspiro ya me habían rodeado. ¿Seguía respirando? Las manos frías y de plástico me agarraron. Como las de un maniquí. Las máscaras de semidioses y semidemonios me rodeaban. Máscaras y maniquíes. Me agarraban. Con fuerza, mucha fuerza. Me agarraban. Me estaban agarrando. Manos, pies, muñecas, tobillos.

Grité.

La velocidad del sonido es de…

FIN

© Alba Belba Rivera Flechoso

Si te ha gustado puedes invitarme a un café.

Este relato está disponible para descarga en Lektu.

Si tienes algún comentario, no dudes en escribirme o dejarme un comentario.

Microcuento para Mary Shelley

El galán entró en la sala dando un portazo dramático. No dejando de ser un caballero por ello, se quitó el sombrero y espetó con dureza a la dama sentada en el sofá:

— ¡Mary! ¡Debes parar con esto!

Ella dejó la tacita de té sobre la mesilla. Se alisó el vestido hasta dejar caer las manos por el satén del sofá.

— Buenos días. Querido, no le tenía a usted por alguien que se deja llevar por sus impulsos y rumores.

— ¡Pero, Mary!

— ¿Se considera usted científico?

— Sí, pero…

— ¡No hay más que hablar! No voy a discutir más sobre habladurías para asustar a ancianas.

El caballero resopló y se fue airado, cerrando la puerta nuevamente con vehemencia. Mary suspiró y se levantó con calma. Se dirigió a la alacena, cubierta de cerámicas y cristales alcohólicos. Pasó los dedos por la madera lacrada hasta llegar al pomo del armario contiguo. Abrió. Allí estaba el monstruo, cenizo, compuesto y descompuesto entre costuras y encogido en una rigidez antinatural. Al gesto de la mujer, salió de su escondite. Ella lo abrazó.

— No te preocupes, Víctor. No voy a dejar de quererte nunca.

© Por Alba Belba R.F.