Reseña de “El cuento de la criada”, de Margaret Antwood.

Hoy hablamos de la distopía de Margaret Antwood, en boca de todos.

Con la llegada de la serie de Netflix y la segunda parte de la historia, “Los testamentos”, parece que nadie quiere olvidarse de este libro. ¿Pero qué hace especial a este libro?

Aunque quizás deberíamos empezar por el principio. La historia está narrada en primera persona. Nuestra protagonista vive en un mundo futuro en el que lejos de haberse producido un progreso, es amenazante, contaminado y en guerra. El puritanismo religioso ha hecho mella de manera profunda de manera que cada persona tiene un estamento en la sociedad: chóferes, guardias, cocineras,… y sobretodo criadoras, como nuestra protagonista. O más bien, vientres gestantes. En un mundo donde muchos son infértiles, las mujeres que pueden quedarse embarazas están destinadas y marcadas (de rojo) para ello. No hay libertad de prensa, de movimiento ni derechos para las mujeres. Hay miles de comentarios sobre el libro. ¿Dónde está la magia de esta historia?

La clave que hace mágica esta historia es la combinación de dos elementos: una historia cuidada al milímetro y una poesía visual insertada en el texto.

Soy una apasionada de los colores, no lo puedo negar, cada tono tiene su simbolismo. En el cine, esto es muy fácil, fijémonos en la serie Dark y el uso del color amarillo (sí, tiene un motivo importante en la trama y en cada fotograma específico). Causar este efecto en la literatura es difícil, pero las pinceladas son precisas.

El libro es un constante cambio de presente a pasado, mezclándose exquisitamente en un cóctel de analepsis. Cada dato es revelado en el momento oportuno, sin parecer forzados o incoherentes en ningún momento.

La protagonista es humana y lo que la hace inolvidable es que no es en ningún momento una heroína. Es una persona como cualquiera de la media, lo cual es muy importante a la hora de contar una historia como esta.

Pese haberse escrito, en los años 80, Antwood recrea un planteamiento completamente actual sobre la religión, sociedad y fundamentalismo.

¿Realmente esto podría pasar? El planteamiento de los años ochenta se nos antoja actual y completamente presente. Seguimos sintiendo la misma cercanía y nos hace plantearnos diversas cuestiones. ¿Puede ocurrir un cambio de Estado tan drástico? ¿Pueden perder las libertades las mujeres así, de un día para otro? ¿Seríamos capaces de utilizar a las mujeres como simples incubadoras?

Las reflexiones filosóficas derivadas son de lo más interesante. En mi opinión, hay una amarga certeza. Solo por hablar del tema de las féminas, ¿las mujeres perdiendo derechos en un plis? Miremos un poco hacia oriente y… la historia ya nos ha dicho que sí. La distopía es inquietante porque es realista.

Voy a hacer un recopilatorio de citas a continuación. Este es un aviso de SPOILERS, no quiero destripar nada a nadie sin querer (aún siendo pequeñitos).

Este es mi diario de lectura.

Aquí os presento algunas citas de lo más interesante:

“No consumir, no desear. Si no consumo, ¿por qué a pesar de ello deseo?”

“(…) un color carmesí más oscuro cerca del tallo, como si lo hubieran herido y hubiesen comenzado a cicatrizar.”

“A veces destellos de normalidad me atacan inesperadamente, como si me tendieran una emboscada.”

“Recuerdo las fotos (…), encerradas en un marco y a salvo.”

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Nadie decía cuando.”

“Probablemente no necesitaba azúcar, pero era lo único que podíamos robar. Para regalárselo.”

“Aquello que no conozcáis, no os tentará.”

“Incluso puedes hacer un cielo para ellos. Para eso te necesitamos. El infierno podemos hacerlo nosotros mismos.”

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