Reseña: “El extranjero” o cómo un personaje puede ser leído de diferentes maneras.

“El extranjero” de Albert Camus nos dejó uno de los protagonistas más fascinantes de la literatura.

¿De verdad? ¿Este clásico? No es que esté ñoña, es que de vez en cuando hay que refrescar la lectura con algo diferente y que de una vuelta de tuerca (sí, pero no la de Henry James) a las lecturas habituales. También, no voy a engañar a nadie, me gusta eso de saborear el porqué del resonar de un libro.

Debería empezar diciendo que, desde que aprendí algo de francés, he descubierto que este título tiene algo de trampa. Ya sabemos que las traducciones son siempre peligrosas y a menudo imperfectas.

L’étranger en francés tiene la significación de extranjero, pero también de extraño.

Este doble significado es completamente necesario para entender el libro.

Y es que el protagonista, nuestro señor Meursault hecho y derecho, es un hombre aparentemente apático y cuyo comportamiento es difícilmente explicable a ojos “normales”. Un completo extraño y extranjero en aquel Argel. Mersault sigue su nihilismo en cada uno de sus pasos, pero, ¿es realmente así?

Este libro está narrado en primera persona en un Argel ocupado. El francés comienza narrando el entierro de su madre con completa apatía. A partir de ahí van desencadenándose una serie de sucesos y personajes, casi por accidente. Un amor, un amigo inesperado, unas visitas. Cada nota del día a día nos transmite ese agobio y hastío vital, ese “me es indiferente” exudado a cada minuto. Ni el amor de la dulce Marie ni la enturbiada e interesada amistad de Raymond le sacan de su estado.

Todo se tuerce cuando un día de playa se cruza con el árabe, aquel sediento de venganza. Bajo el sol, con esa calurosa radiación, parece inevitable que disparar el gatillo sea la única solución al encontrarse cara a cara.

El asesinato del árabe se produce casi por una obligación asumida del destino, a la vez que por pereza. ¿Quién, entendiendo bien a Meursault, hubiera hecho lo contrario?

Nuestro protagonista ni escapa de su castigo, ni pretende hacerlo. Será juzgado y encarcelado. Pero en ningún momento pretende engañar a nadie, sacando de sus casillas a su propio abogado y al párroco. Con la misma apatía recibe todos los sucesos. Claro que se plantea sus interrogantes, porque no deja de ser un hombre de carne y hueso. Decir lo contrario no sería honesto. Ello no quiere decir que no afronte su destino con el mismo aplomo.

Por otra parte, es interesante analizar el proceso legal. Nuestro protagonista será juzgado más que por el disparo por el hecho de haber enterrado a su madre con tal apatía y falto de corazón, sin haber seguido el duelo.

¿Es realmente moral el proceso de acusación en el juicio, que juzga más la ausencia de luto por la muerte de la madre que la relación de causalidad entre los hechos y la muerte del árabe?

Todo el mundo en el circo del juicio se dedica a horrorizarse en cómo Meursault se va a bañar y regocijarse con su amante, cómo le es indiferente velar y hacer el luto a su madre o cómo prefiere no ver su cadáver. Respecto a la relación madre – hijo, no tenemos más datos de los que nos cuenta el protagonista. Todos le juzgan cual monstruo, pero nada sabemos de la madre. Cae la obligación social del amor familiar inmesurable y las constumbres socio-religiosas de rigor. Poco o nada se habla del arma homicida, de los testigos o de si hubo o no legítima defensa en el encontronazo con el árabe. A nadie le importa. Meursault ya está condenado desde que decidió no velar a su madre.

¿Por qué me ha resultado tan fascinante este libro? Es fácil de decir y difícil de transmitir.

Los personajes tan atípicos como Meursault son difíciles de retratar. Es un héroe y villano, humano y para nada un santo. Alguien que nos recuerda que, precisamente, los humanos ni somos santos, ni lo pretendemos. Que no dejamos de ser ni extraños, ni extranjeros en algún lugar.

¿Habéis leído este clásico? Me gustaría saber qué os ha parecido, así que leo vuestros comentarios.

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