“El palacio de las lágrimas”

Las tormentas nunca dejaban de ensombrecer el palacio de las tres torres. Los vidrios no brillaban la luz. Hacía tiempo que los ruidos fantasmales orquestaban sus noches. Se decía que una bruja conjuraba nigromantes y almas perdidas. Ningún humano se atrevía a acercarse.

El vampiro sorteó las tempestades y llegó al salón donde la bruja lloraba, encogida en un sillón. Se acercó y cara a cara le preguntó:

— ¿Por qué lloras?

— Todos me tienen miedo. ¿Tú no?

— Yo soy agente de la muerte y no temo nada.

— Bien, es la hora de realizar el conjuro.

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