Una fábula

En una noche de perros el gato se agazapaba intentado rechazar los aullidos del viento. El búho, en una torreta, iba y venía, cantando y trajinando.

— ¡Búho! – gritó el gato – ¿Cómo puedes estar alegre con este tiempo?

— ¡Ah querido gato! Los que trabajamos y cazamos a la intemperie adelantamos a los holgazanes que luego envidiarán nuestro éxito.

 

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Foto: Ed Gregory
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“Los cuadernos”

Hubo un tiempo en el que se dedicaron a regalarme cuadernos. Al principio fue un cuaderno cualquiera. Más bien una libreta. Pequeña, robusta, verde. Fue por mi cumpleaños y mi amiga me hizo una lista de ideas sobre lo que podía escribir en ella. Creo que a la gente le abruma demasiado las páginas en blanco.

Después, un melómano me regaló un cuaderno para melómanos. Recuerdo la plantilla que lo decoraba, se distinguían los rostros de Bach, Vivaldi,… Pero este cuaderno estaba bastante herido, con páginas arrancadas, manchas de tinta y mensajes escondidos incomprensibles. Me enamoró. Era el cuaderno que siempre había querido y nunca había tenido. Lo llené de hojas a modo de botánico, de pensamientos, relatos y sueños.

Por último llegó este cuaderno sobre el que escribo ahora. Medio usado, pero no tan destrozado. Tenía pinta de ser un cuaderno de viaje, con sus fotos de destinos aún no alcanzados, con su sobrecito al final. ¿Quién no hace un viaje en esta vida?

Yo no tengo miedo a las páginas en blanco. Tengo la energía para emprender ideas y proyectos que hacen falta para llenarlas. También los miedos, los éxitos y los fracasos. Yo no tengo miedo a las páginas en blanco. Quizá sea el momento de empezar esa novela. De contar aventuras, nuestras aventuras. De decirte todo lo que debería haberte dicho hace mucho tiempo.

 

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“Ahora que dejo Berlín”

Ahora que dejo Berlín, me asaltan un montón de sentimientos encontrados.

Los copos de nieve caen lentamente, casi suplicando perdón por caer al suelo y estrellar su belleza eterna. Los árboles siguen desnudos pero altivos, altaneros en su quietud.

Ahora que dejo Berlín, me encuentro con una nostalgia infinita. El frío ha cauterizado mis heridas. La sangre se desliza por mis venas al ritmo… solo ese ritmo que el frío sabe. Entiendo que debo moverme. Demasiado frío aturde y congela. Aquí hay demasiados viandantes congelados. Algunos incluso ni se mueven. Algunos por la belleza, algunos simplemente por el frío. Frío. Cuando llegue la primavera algunos florecerán. Algunos nunca lo harán. Es lo que he entendido.

El paisaje berlinés del invierno me fascina y me transporta a cuentos de hadas oscuros, a leyendas y naturalezas muertas, que no inmóviles. Aquelarres de brujas, bohemios y luchadores nunca vencidos a pesar de perecer las rosas (suspiro, pues siempre plantann otras, suspiro). El acto político es un acto bohemio en algún momento. Un acto per se. I’m blue, ich bin blau, de los colores del invierno orquestados por aquelarres. Aquelarres de árboles, nieve, frío.

Y todo esto lo relato cual sibila en un café. Té, vela y tulipán. Como los tulipanes que marcan el camino hacia mi primavera, mi sol. El tulipán eclipasa la vista de la nieve cayendo, a través de la ventana. Otro día hablaré de tulipanes.

Ahora que dejo Berlín.

Si fuese un paisaje sería Berlín. Si fuese una flor sería un tulipán.

 

© Texto: Alba Rivera Flechoso

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“La bañera”

Sufría de insomnio desde hacía meses. Me había decidido a tomar un baño antes de lidiar con la cama. El agua y la luz ténebre eran relajantes. Desde allí oía a la vecina, la pelirroja del sexto. Su novio, el que no se la merecía, la hacía gemir en la ducha. Yo, desde mi bañera con el miembro erecto, planeaba mi venganza y soñaba con hacerla mía.
Esos celos y odio eran, extrañamente, lo único que me dejaba dormir.

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“Black Friday”

Un viernes negro, el chico cosía a toda prisa para que el pedido estuviese listo. Estaba cansado, pero no podía dejar de trabajar.
Un Black Friday la chica compró el vestido soñado a un precio insuperable. La hizo feliz por unos meses.
Un viernes negro, las telas acabaron sobre una tierra yerma, haciéndola aún más yerma.

 

(Este microrrelato formó parte del reto #micro100BlackFriday de Escritores y Lectores).

Lujuria

El calendario apuntaba un lunes de luna llena. No me asustaba. Ojalá hubiera sido así. Al llegar la noche me convertí. Entre aullidos, primero ahogados y después desgarradores, me creció el pelo, las garras, los dientes. Y lo que no te dicen de los hombres lobo, el olor permanente a animal salvaje, a monstruo
Lo que me asustó no fue mirarme al espejo. Lo que me asustó fue como Caperucita sonrió en vez de huir. Cómo se desnudó, descubriendo sus senos, su vientre, sus piernas. Cómo me miró cómplice y me dijo:
– Cómeme monstruo.

 

(Este micro formó parte del reto #micro100lujuria de Escritores y Lectores).

“Guía para que el pollo no se quede seco”

Bajo este título me he adentrado en Wattpad escribiendo mi primera novela romántica, o pseudoromántica. Se trata de una novela por entregas, siguiendo la plataforma, que no ha hecho más que empezar.

Esta es la breve sinopsis: No, no es un libro de cocina, aunque podría serlo.
¿Qué pasa si dos personas se juntan en curso de cocina? Una, gran amateur. Otra que no sabe cocinar un huevo frito. Esta es la historia de amor o para-amor de Amapola y Nuño, y de sus ambiciones.

Os dejo aquí el enlace. ¡Larga vida a la lectura!

https://www.wattpad.com/story/152684566-gu%C3%ADa-para-que-el-pollo-no-se-quede-seco

 

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